Strangers when we meet

Vía Cultcards

Siempre que me preguntan por películas de cine con temática arquitectónica, inevitablemente la primera película que me viene a la cabeza es El Manantial (1949, King Vidor), adaptación de la densa novela homónima de Ayn Rand. Si todavía no ha visto esta obra maestra, pasaré por alto un delito menor, pero le confesaré que puede considerarse enormemente afortunado. Pero, si encima es usted arquitecto, ya estaría incurriendo en un grave delito difícilmente perdonable. La película gira en torno a la figura de un arquitecto: Howard Roark, magistralmente interpretado por Gary Cooper. Y es que a todos los arquitectos nos gustaría parecernos un poco más a este arquitecto que encarna los ideales del artista puro, incorruptible, que no prostituye su arquitectura al servicio del cliente.

La segunda película que suelo recomendar es la que da nombre al PostUn extraño en mi vida (1960, Richard Quine) basada en la novela Strangers when we meet de Evan Hunter . En esta película Kirk Douglas encarna a un arquitecto que recibe el encargo de una casa. La historia dura lo que dura la construcción de la casa, pero esta historia es sobretodo un melodrama de pasiones, celos, infidelidades y un perfecto retrato de la vida doméstica de la sociedad norteamericana de los 60; un retrato, que más recientemente hemos visto en la serie Mad Men. La casa se nos presenta como un macguffin para que la trama avance. Pero es mucho más que un macguffin, es una metáfora de la vida de los personajes y un fantasma que les sobrevuela. Inmerecidamente esta película siempre ha sido relegada a un lugar secundario en casi todas las listas, quizá porque Richard Quine nos habló de temas demasiado precoces para la moralidad del año de su estreno. Aunque, curiosamente Jose Luis Garci y Eduardo Torres-Dulce siempre la citan entre sus 20 obras maestras de la historia del Cine.

Un fragmento de la novela…

—¿Qué clase de casa quiere?

—Una en la que se pueda vivir.

Yo no soy amante del estilo colonial, de ranchos o de cualesquiera otras formas falsas. Le diseñaré una casa contemporánea, y eso será todo.

—¿Qué otra cosa puede hacer un arquitecto contemporáneo?

—Si lo supiera, se sorprendería.

—Me conformaré con que me muestre fotografías de lo que ha hecho —dijo Altar—. Después de eso, todo quedará en sus manos. Yo no le diría jamás a un fontanero cómo debe colocar los tubos, y por mi parte no me gusta que la gente diga cómo debo escribir los libros. De manera que le dejo a usted absoluta libertad de elección.

En primer lugar he mencionado dos películas en las que un arquitecto es el protagonista. Podríamos establecer una segunda categoría en la que los decorados ocupan un lugar destacado. Esta lista la encabezarían títulos de directores como Méliès, Fritz Lang, Hitchckock o Jaques Tatí y la gran mayoría de distopías futuristas como 2001, Una Odisea en el espacio (1968, Stanley Kubrick),  Blade Runner (1982, Ridley Scott) o Dark City (1998, Alex Proyas). Más allá de la temática arquitectónica de la trama, la arquitectura de decorados se ha convertido en un arte dentro de otro arte. Cine y arquitectura siempre han ido de la mano desde sus orígenes: Magia y artificio. Y es que el séptimo arte, siempre ha recopilado todas las bellas artes en una sola.

Una tercera categoría la ocuparían los documentales, como los recientes: Apuntes de Frank Gehry (2005, Sidney Pollack) o el de los españoles Norberto López Amado y Carlos Carcas: ¿Cuánto pesa su edificio Sr. Foster? (2010). En esta categoría nos queda por ver la esperada: The Competition (2013), rodada también por un arquitecto español, Ángel Borrego y todavía en el circuito de festivales. Jean Nouvel, Frank Gehry, Dominique Perrault, Zaha Hadid y Norman Foster como protagonistas en los días que preceden a la entrega de un concurso de arquitectura.  Aquí podéis ver el trailer.